Tener raíces

La belleza tiene raíces profundas. Se toma su tiempo para crecer, pasa por malos y buenos momentos, soporta temporales, tormentas, incendios, riadas, sequías, ve pasar los años… pero si consigue superar toda las pruebas, el resultado nos regala un paisaje, una tierra propia e irrepetible en la que las raíces de los árboles y las raíces de los seres humanos se entrecruzan para crear lo que consideramos para siempre nuestra tierra, nuestro paisaje, nuestro hábitat. Las Reservas de la Biosfera de Asturias son un ejemplo claro de cómo los siglos han  dado su fruto gracias a un camino compartido que hunde sus raíces comunes en lo profundo de la tierra y de la historia, de la cultura y la civilización, de la agricultura, la ganadería, la pesca, el pastoreo y la artesanía. Las seis Reservas de la  Biosfera son el ejemplo de que el hombre y la Naturaleza tienen capacidad para convivir durante siglos sin hacerse daño, cuidando el uno de la otra y viceversa, procurándose una manera de vivir. Por eso Asturias está tan orgullosa de mostrar a miles de visitantes anuales sus raíces hechas de bosques, ferrerías, tahonas, mazos, talleres de madreñeros, cultura pesquera, viejas minas de oro perdidas, viñedos y bodegas, telares y colmenas, queseros y pastores.

La vida es imparable cuando tiene raíces bien asentadas y recibe además cuidados atentos de quienes comparten con ella un largo camino de siglos que construye con costuras imperceptibles un tapiz de paisajes vivos que van de las 300 cumbres de los Picos de Europa hasta las playas de la río del Eo, pasando por miles de hectáreas de bosques centenarios en Redes y Muniellos. La Biosfera es un ser vivo, un animal que se mueve a ritmo lento y sobre el que cabalgamos desde la noche oscura de los tiempos. Desde antes de que existieran nuestros más remotos antepasados, cuando aún se estaban construyendo esas arquitecturas de caliza, robledales y hayedos, lagos, ríos, caminos y madrigueras que hoy conocemos, ya había dentro de ese mundo una parte de nuestras raíces, de las que ahora nos atan a estas seis reservas de vida que son mucho más que un mero espacio turístico que enseñar en las postales. Lo que Asturias muestra al viajero es parte de su alma, su apego por una tierra antigua que sigue creciendo en alianza con el hombre que ha aprendido a cuidarla y a dejarse cuidar por ella. Cada viajero que llega a Somiedo, Muniellos-Fuentes del Narcea, Redes, Oscos-Eo, Picos de Europa o Las Ubiñas-La Mesa, toma el relevo de una larga cadena de vida con raíces que le da la bienvenida como una más, como si estuviera en su casa.